Comunidades peligrosas

Discurso de odio en comunidades peligrosas

Qué son

Internet es una herramienta muy valiosa para los jóvenes en cuanto a compartir intereses e inquietudes con otras personas, puesto que permite superar las barreras físicas a la vez que facilita el contacto con usuarios afines. En este sentido, es fácil encontrar grupos o comunidades en línea de carácter social, educativo o de ocio en los que enriquecerse y desarrollar esos gustos e intereses, aunque también existen grupos con un trasfondo perjudicial, al tratar temas peligrosos o inapropiados para los menores, como por ejemplo:

  • El extremismo, odio y violencia: promoción de la intolerancia, discursos de odio, la discriminación y la violencia por motivos étnicos, políticos, religiosos, de género, de identidad sexual, de clase social, etc.
  • Los riesgos para la salud: movimientos proanorexia, probulimia, de promoción de alcohol y drogas, de incitación a la participación en retos peligrosos, de fomento de la autolesión y el suicidio, etc.
  • El abuso sexual de menores: incitación al abuso sexual de los menores, la justificación de esas conductas, la captación de posibles víctimas, la desensibilización de los menores frente a contenidos sexuales y pornográficos.

 

  • En situación

    Fran es un chico de 12 años a quien le encanta el fútbol. Además de jugar con los amigos, sigue todos los partidos de su equipo favorito. Tiene su propia tablet desde hace tiempo, y la utiliza para jugar, ver vídeos, estar al tanto de la liga, gestionar su propio equipo en una liga virtual, etc.

    Nunca ha tenido problemas en clase, por lo que sus padres se han extrañado mucho al recibir una nota de su tutora en la que les convoca para hablar de sus actitudes intolerantes y comentarios despectivos hacia algunos compañeros. ¿Cómo es posible?, ¿qué ha podido pasar para que su hijo muestre esa actitud hacia sus iguales?

    Cuando le preguntan, él responde que son cosas que ha estado hablando con sus “colegas del grupo”. Profundizando un poco, los padres descubren que hace unas semanas Fran empezó a frecuentar un grupo de ultras de su equipo en una red social…

  • ¿Por qué son tan dañinas?

    Los menores, especialmente en la adolescencia, se encuentran en una etapa de desarrollo con grandes cambios a nivel físico, emocional y social. En esta etapa entran en juego la inexperiencia y curiosidad innata propia de su edad, así como la búsqueda de una posición social dentro de su familia y de sus grupos. Esto suele traducirse en una búsqueda de identificación personal a través de otros roles incluso contrarios a los que les vienen dados, así como en una cierta rebeldía frente a las normas, lo que les hace más proclives a los riesgos y sus consecuencias. De esta manera, acaban por exponerse voluntariamente y entran en contacto con nuevos grupos de referencia.

    El contacto con comunidades peligrosas puede suponer un riesgo importante para el desarrollo y la integridad personal del menor, más aún si el menor se encuentra en situación de vulnerabilidad familiar o social. A través de ellas, el menor puede acceder a contenidos susceptibles de ser malinterpretados o mal utilizados ya que, además, son espacios en los que los usuarios no suelen contrastar la información a la que tienen acceso.

    Algunos de los contenidos de riesgo que pueden tratarse en estas comunidades son los discursos de odio y violencia, que promueven el racismo, la xenofobia y otros comportamientos discriminatorios hacia otras personas o grupos, las ideas extremistas ligadas a ideologías o movimientos sociales, las conductas peligrosas para la salud, como son la anorexia, la bulimia o los retos que afectan a la integridad física o mental y la pornografía, que favorece la propagación de estereotipos distorsionados sobre sexualidad.

  • ¿Cómo captan su atención?

    Las comunidades peligrosas suelen disfrazar su actividad de fondo a través de otras aparentemente inocentes. No suelen estar localizadas, sino más bien dispersas a través de diferentes redes sociales, foros y webs, y se configuran frecuentemente como grupos privados, por lo que resultan difíciles de controlar. Además, el contacto con ellas puede darse también a través de canales de mensajería instantánea, chats de juegos online, etc.

    Los jóvenes más vulnerables ante las comunidades peligrosas en línea suelen presentar una serie de aspectos en su perfil que son tomados como referencia por los grupos con ánimo de captar a menores:

    • Suelen ser adolescentes introvertidos, con baja autoestima o enfadados frente a aquellos conflictos con familiares o compañeros que no son capaces de gestionar.
    • Se refugian en las redes sociales buscando reconocimiento o evitando, precisamente, la presión social que encuentran en la vida real. Esto, junto con el propio proceso natural de la adolescencia, interfiere en la toma de decisiones razonadas y éticas.
    • En ocasiones son jóvenes con escasas habilidades o un bajo criterio y capacidad emocional para reaccionar frente a las agresiones. La falta de sociabilidad, la timidez y la tendencia al conformismo ahondan en ello.

    Para hacer frente a estas comunidades, las redes sociales cada vez más están incorporando mecanismos de control de eventos o grupos peligrosos. Al tiempo que se activan, también son burlados con cierta facilidad, mediante la suplantación de perfiles o la creación de otros ficticios cuya apariencia resulta normal e inocente.

 

Uso excesivo

 

Prevención

Como sucede ante muchos de los riesgos para los menores que plantea el uso de Internet, las pautas de prevención son fundamentales para que el menor pueda enfrentarse a una situación peligrosa, en este caso, en el contacto con comunidades perjudiciales:

  • Fomentar un juicio crítico. A través de la educación y del diálogo en familia se puede enseñar a los hijos a contrastar información e identificar fuentes de confianza. Con ello, lograremos que el menor no sea un consumidor pasivo de contenidos y, por tanto, sea menos manipulable.
  • Promover las habilidades sociales y las pautas de netiqueta. A través de la educación y del diálogo en familia se puede fomentar aspectos como la empatía, los valores de convivencia y el respeto al que piensa diferente. Así, les orientamos para que sean conscientes de la existencia real de riesgos y de su capacidad de gestión emocional ante contenidos y relaciones que de otra manera pueden sobrepasar al menor e, incluso, confundirle derivando en comportamientos y actitudes no deseables.
  • Acompañar y compartir el conocimiento con los menores. Esta tarea ha de ser bidireccional: por un lado como padres o tutores podemos compartir nuestras experiencias y conocimientos con ellos, tratando de ser un modelo a seguir para ellos. Por otro lado, debemos escuchar y entender sus inquietudes y la manera en la que se comunican con sus iguales.
  • Supervisar los controles de acceso a sitios web. El acceso a muchos sitios de Internet está filtrado por una simple comunicación de edad fácil de burlar al no conllevar una comprobación adicional, o por carecer de control de acceso para menores (habitualmente se da esta situación en servicios establecidos en países con legislaciones laxas en este aspecto). Por ello, resulta crucial pensar en una prevención que se adelante a la posibilidad de contacto con alguna de estas comunidades peligrosas.
  • Mantener la alerta sobre los cambios de comportamiento. Algunos de estos cambios pueden ser los conflictos de identidad, la desconfianza, la necesidad de atención, el aislamiento o la bajada del rendimiento escolar. Todos ellos pueden ser avisos de problemas que no estemos detectando directamente y tras los que puede camuflarse el contacto con alguna persona, grupo o comunidad peligrosa.
  • No compartir indiscriminadamente este tipo contenidos. Las comunidades peligrosas promueven actividades que persiguen efectos nocivos tanto físicos como emocionales, apoyándose en contenidos peligrosos. Debe evitarse la difusión de los mismos.

 

Cómo reaccionar ante una comunidad peligrosa

Apoyo familiar sin culpabilizar al menor. Si tenemos conocimiento de que un menor está involucrado en una comunidad peligrosa, es fundamental afianzar su confianza en nosotros como adultos para que nos tenga como referencia y soporte ante los problemas. En este sentido, no se le ha de culpabilizar de la situación ya que probablemente sea víctima de la misma. Debemos reafirmar nuestro apoyo incondicional y la posibilidad de encontrar una solución.

Ayuda psicológica. En caso de que un menor se vea envuelto en la actividad de una comunidad peligrosa, hay que evaluar la posibilidad de un apoyo psicológico. Dependiendo de la gravedad incluso para los propios progenitores o tutores, ya que ello puede revertir positivamente en pautas adecuadas para la situación del propio menor.

Reunir información. Ante la existencia de una de estas comunidades peligrosas, es importante recabar aquellas informaciones que evidencien su peligro y el fomento de actividades perjudiciales que puedan afectar a los menores. Estas informaciones servirán como prueba electrónica en caso de requerir acciones contra estos grupos perjudiciales.

Conocer los mecanismos de reporte, bloqueo y rectificación. Las principales redes sociales disponen de mecanismos y canales para reportar situaciones que están afectando al menor y activar funciones de bloqueo de usuarios que están instigando o promoviendo conductas peligrosas, eliminación de mensajes o imágenes, enfriamiento de conversaciones, cancelación de perfiles falsos que están siendo utilizados para promover conductas peligrosas, etc.

Denuncia. Denunciar frente a los responsables del servicio en el que opere la comunidad peligrosa. También ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Además de las actividades promulgadas por estas comunidades, muchos de los contenidos que ofrecen y sus métodos de captación constituyen en sí mismos un delito además de un riesgo evidente. Estas denuncias pueden ayudar a terminar con este tipo de espacios en Internet.

¿Tienes dudas o necesitas ayuda de manera más personalizada en relación con el uso seguro y responsable de los menores en Internet? Contacta con nosotros en la Línea de Ayuda de IS4K, 900 116 177. Es un servicio gratuito y confidencial.

 

Línea de Ayuda

 

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