¿De verdad sabes quién es ese nuevo amigo online?

¿De verdad sabes quién es ese nuevo amigo online?
Familias | 11-Oct-2016
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Nuestros contactos en las redes sociales tienen siempre alguna información de perfil, su nombre, edad o al menos una foto o vídeo, pero ¿estamos seguros de conocer a la persona que está detrás de esos datos?, ¿sabemos qué intenciones tiene ese nuevo amigo online con el que llevamos charlando unas semanas? Veamos qué riesgos nos plantea el contacto con desconocidos a través de Internet de cara a prevenir problemas con acosadores sexuales y pederastas.

Imaginemos por un momento que estamos a la puerta del colegio esperando a nuestros hijos. De repente, se nos acerca otro padre o madre que no conocemos y empezamos a charlar sobre los pequeños. No dudamos en comentar sobre sus rutinas, las extraescolares... Tras un rato charlando cómodamente, nos pide nuestro número de móvil para mantener el contacto, invitar al pequeño a un cumpleaños, montar un grupo de WhatsApp, etc. ¡Cómo no!, claro que se lo damos, queremos que nuestros hijos estén perfectamente integrados con sus compañeros/as.

Y en ese momento se desvela el “truco”… ese padre o madre confiesa que sólo está actuando y no tiene ningún hijo/a en el centro educativo. Únicamente intentaba hacernos ver lo fácil que es hacerse pasar por otra persona y ganarse nuestra confianza (y número de móvil). Si parece tan fácil conseguirlo cara a cara, entenderemos que es igual de sencillo, o aún más, a través de Internet. Y es que este era el argumento principal del vídeo #tengoTuNumero de la Fundación Alia2.

Pero ahora vayamos un paso más allá. Imaginemos que el engaño no se hubiera desvelado en ese momento, sino que hubiera continuado unas semanas… ¿no habría sido posible que hubiéramos llegado a entablar una relación cordial, de cierta “confianza”? Pasados unos meses ¿no nos habríamos podido llegar a pasar alguna foto de "nuestros hijos"?, ¿o incluso quedar fuera del horario escolar?

 

¿Problemas?

Esta situación no parece que pudiera traernos grandes problemas más allá de alguna llamada molesta, o algún mensaje no deseado, pero… ¿y si esta persona tuviera intenciones ocultas hacia nosotros o nuestros hijos? La cosa cambia, ¿verdad?

Si trasladamos la situación al mundo online, ¿no sería equivalente a los casos en los que un adulto malintencionado intenta ganarse la confianza de los menores haciéndose pasar por uno de ellos? De hecho, es fácil que en las noticias hayamos oído hablar del grooming, o de la detención de algún pederasta que había captado a sus víctimas a través de las redes sociales.

 

Grooming: ciberacoso ejercido deliberadamente por un adulto para establecer una relación y un control emocional sobre un menor con el fin de “preparar el terreno” para su abuso sexual

 

El propio proceso de grooming puede derivar en consecuencias negativas como son los abusos sexuales, chantajes, extorsiones, amenazas, insultos, difusión de imágenes íntimas, producción y distribución de pornografía infantil, etc.

Pero la suplantación de identidad, el hecho de que alguien se haga pasar por otra persona (sea real o no) también puede ser utilizado como herramienta para el ciberbullying, fraude, estafa o la captación hacia comunidades peligrosas (extremismos, conductas autolesivas) entre otras.

Encapuchado en Internet

 

¿Quién es quién en Internet?

En las redes sociales y herramientas de mensajería instantánea, los juegos online, las ligas de fútbol online, las aplicaciones de ligoteo, en fin, a lo largo y ancho de Internet es muy fácil hacerse pasar por otra persona. Simplemente seamos conscientes de qué datos nos piden a la hora de registrarnos. Con una dirección de correo electrónico y una contraseña suele ser suficiente. ¿Y quién garantiza que ese correo electrónico le pertenece a esa persona?, ¿quién nos dice que Pepe es Pepe y no Juan?, ¿y que 15 años no son en realidad 51?

 «Yo es que miro la foto de perfil, así sé si tiene la edad que dice», ya pero… démonos cuenta de que es muy fácil descargar cualquier foto de las miles que circulan libremente por Internet y luego subirla a las redes sociales como si fuera propia, ¿no? Si tenemos dudas, podemos por ejemplo buscar en Internet esa imagen (ayuda para la búsqueda con imágenes de Google). Si nos aparece en otras páginas web u otros perfiles de redes sociales distintos deberíamos sospechar.

 

En Internet es muy fácil hacerse pasar por otra persona

 

¿Cómo proteger a nuestros hijos para que no caigan en estos engaños?

En primer lugar debemos tener en cuenta el grado de madurez de nuestros hijos antes de darles acceso libremente a Internet, o a un dispositivo móvil. Es nuestra responsabilidad asegurarnos de que son capaces de afrontar estos riesgos y sepan que pueden pedirnos ayuda. La disponibilidad de tabletas y móviles aumenta el riesgo de contactos peligrosos, ya que además los pueden usar en cualquier lugar (por ejemplo en la intimidad de su cuarto).

Lo fundamental ya lo sabemos, pasar tiempo juntos, compartir actividades, hablar con nuestros hijos de manera cotidiana, sobre todo lo que les ocurre cada día, lo que les preocupa, con quién salen por la calle a jugar, con quién andan online, etc. Reforzando nuestra relación y confianza mutua, les ayudaremos a crecer, les proporcionaremos un modelo a seguir, les daremos pie a que nos puedan contar cualquier problema que puedan tener, y nosotros también podremos tener más información sobre su día a día de cara a detectar posibles conflictos.

Comunicación entre padres e hijos

Aprovechemos las noticias que salen en los medios de comunicación para poder sacar el tema de conversación y escuchar su opinión al respecto, si cree que es algo “relativamente sencillo” que le pueda pasar a cualquiera, etc.

Además ya estamos concienciados de lo fundamental que es trabajar con ellos desde bien pequeños sus habilidades sociales:

  • El autoconocimiento para ser más consciente de lo que quieren, lo que buscan, cómo actúan para lograrlo y las posibles consecuencias que pueden tener.

  • La autoestima para que se sientan bien consigo mismo y no dependan del reconocimiento y “adulación” de otras personas.

  • El espíritu crítico a la hora de cuestionarse las peticiones que reciben, sus motivaciones, las posibles consecuencias de responder a ellas.

  • La asertividad para que en caso de que reciban comentarios inapropiados o peticiones fuera de lugar sean capaces de decir que no.

En cuanto al uso de las redes sociales, mensajería instantánea y el resto de aplicaciones y páginas de Internet, es recomendable que utilicen cuentas privadas. Pero esto no significa simplemente marcar esa opción en la configuración de la privacidad, sino también tener cuidado y no aceptar a cualquier desconocido que nos solicita ser nuestro amigo/contacto/seguidor.

En este sentido puede ser muy útil limpiar la lista de amigos de vez en cuando para quitar aquellas personas que hemos añadido porque sí o por ser contactos de otros amigos.

 

Si tenemos 700 “amigos” en Internet, ¿los conocemos de verdad a todos?

 

Lógicamente es importante cuidar los mensajes, fotos y vídeos que comparten por Internet. Es posible que ciertas imágenes les parezcan divertidas, emotivas o románticas en estos momentos, pero puede que no les guste tanto que las pueda llegar a ver cualquier persona en el futuro (como su abuela, un futuro jefe…).

Por supuesto, como padres y madres también podemos emplear herramientas de control parental en los dispositivos que utilizan, aunque su eficacia en este contexto es bastante limitada.

 

¿Qué hacemos si ya han contactado con quien no deben?

Si descubrimos que nuestros hijos están en contacto con alguien que no es quien dice ser, deberemos ser cautelosos a la hora de actuar. Valoremos la información de que disponemos sobre esta persona, sus mensajes, propósitos, considerar la información de nuestros hijos que está en manos de esa persona, las posibles amenazas, el riesgo de su cumplimiento y sus posibles consecuencias, etc. para determinar si puede ser suficiente con bloquear a ese contacto y reportarlo a la plataforma, o bien si debemos pedir ayuda a las fuerzas y cuerpos de seguridad como Policía y Guardia Civil.

 

Entonces… ¿todo el mundo es malo?, ¿mejor cerramos Internet y tiramos los móviles? Parece evidente que no es el camino. Lo que nos encontramos por la red es lo mismo que vemos a diario por las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades (y a nadie se le ocurre dejar de salir a la calle y relacionarse con los demás).

Lo propio es que seamos conscientes de los riesgos y ayudemos a nuestros hijos a entenderlos y ser autónomos en sus relaciones sociales por Internet, con las mismas precauciones que en el mundo físico, ¿acaso no les prevenimos desde bien pequeños para que no hablen con extraños por la calle?

Si os animáis a comentar vuestro punto de vista, o alguna experiencia que conozcáis, seguro que es muy útil para todos.

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